En la Casa Rosada intentan mostrar calma, pero el enojo se filtra por las rendijas. El Presupuesto 2026 avanzó, sí, aunque torcido. No como lo soñaban. La oposición logró frenar la derogación del financiamiento universitario y de la emergencia en discapacidad, y eso, para el oficialismo, tiene nombre propio: “el Presupuesto será deficitario. Algo que no aceptamos”.

Mientras afuera la Plaza de Mayo hervía y el Himno se colaba por los patios, adentro se cocinaba otra escena. Patricia Bullrich iba y venía por los pasillos, teléfono en mano, reuniéndose con Caputo, Santilli, Adorni y el núcleo duro del poder. No celebraban. Ajustaban el relato.

A la mañana juraban no negociar “el equilibrio fiscal”. A la tarde, el discurso mutó: “Después de tres años estamos más cerca que nunca de tener Presupuesto. Eso es un paso importantísimo para la Argentina… y para los mercados, que somos más o menos lo mismo”. Lo dijeron así, sin metáforas.

La hoja de ruta ahora es apurar el Senado, corregir lo que no pudieron borrar y volver a Diputados antes de fin de año. Todo rápido, porque febrero espera con la reforma laboral lista y sin cambios. “Lo que está, está”, repiten cerca de Milei.

En el medio, tensiones con aliados, diputados que votan distinto porque tienen universidades, discapacidad o realidad cerca, y un país que sigue mirando el bolsillo vacío.

El ajuste avanza, pero la realidad, esa vieja costumbre argentina, insiste en desordenar los planes.