Chile amaneció este domingo con un nuevo mapa político. José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, fue electo presidente tras imponerse con casi el 60% de los votos en el balotaje frente a Jeannette Jara, que obtuvo poco más del 40%. Los resultados confirmaron lo que anticipaban encuestas y analistas: una victoria amplia de la derecha chilena, en una elección con voto obligatorio y más de 15,7 millones de personas convocadas a las urnas.

Los comicios se desarrollaron con relativa normalidad. “Además, elegir entre solo dos opciones hizo que el proceso eleccionario fuera mucho más expedito”, relató un vocal de mesa en Santiago. Kast esperó los resultados en la sede de su partido, acompañado por dirigentes de distintos espacios que confluyeron en su apoyo, y recibió los saludos protocolares de su rival y del presidente Gabriel Boric. Asumirá el 11 de marzo de 2026.

Durante la campaña, Kast construyó su mensaje alrededor de la seguridad, la migración y la economía. Prometió combatir el crimen, expulsar a más de 300 mil inmigrantes ilegales y cerrar la frontera norte. En un país donde, según Ipsos, el 63% de la población considera al crimen y la violencia su principal preocupación, ese discurso encontró terreno fértil. En la última década, los homicidios se duplicaron y crecieron delitos como el secuestro y la extorsión, asociados a bandas como el Tren de Aragua.

Sin embargo, el eslogan que acompañó su ascenso, “la fuerza del cambio”, abrió interrogantes. Kast es un dirigente identificado con sectores históricos de la derecha chilena. Para muchos, su triunfo no representa un quiebre con el pasado, sino el regreso de un modelo político y cultural ya conocido en el país. La pregunta queda flotando: ¿cambio hacia dónde y para quiénes?

En política exterior, el presidente electo adelantó una sintonía ideológica con Javier Milei. “Yo conozco al presidente Milei (…) Conversamos el día que yo pasé a la segunda vuelta y tenemos grandes sueños para que a nuestros conciudadanos les vaya bien”, afirmó, destacando una futura “sinergia” entre ambos países.

Chile inicia ahora una nueva etapa. El resultado es claro, pero el sentido profundo de ese “cambio” será, desde marzo de 2026, una discusión abierta que atravesará a toda la sociedad.